Historia de dos Pandemias: Hambre y covid-19

El 17 de marzo del 2020 se decretó el estado de emergencia económica, social y ecológica en todo el territorio nacional debido a la confirmación de casos positivos de coronavirus en el país y desde entonces la vida de los colombianos sufrió drásticos cambios. Para evitar la propagación del virus se tomaron medidas como el cierre de establecimientos públicos, comerciales, colegios, entre otros, y se declaró la cuarentena que obligó a los colombianos a permanecer confinados dentro de sus hogares para prevenir la propagación del virus.

 

El COVID-19 trajo consigo, no sólo una crisis de salud púbica de bastas proporciones sino que, las medidas para evitar su propagación deterioraron rápidamente las economías de todo el mundo y en particular las de los países de ingresos medios y bajos. El Programa Mundial de Alimentos advertía que surgiría como consecuencia una segunda pandemia: el hambre, vaticinando que de no tomarse las medidas preventivas necesarias, el mundo se enfrentaría a unas “hambrunas de proporciones bíblicas”. Pero ¿cómo impacta el COVID-19 la seguridad alimentaria de una población?

 

En primer lugar, las restricciones en movimiento aumentan los tiempos de transporte y procesamiento de los alimentos, lo que afecta la disponibilidad de los mismos; el acceso a los alimentos se dificulta para poblaciones urbanas, asalariados diarios y los que viven de la informalidad pues debido a las restricciones en movilidad y distanciamiento social pierden sus ingresos limitando su poder adquisitivo. De esta manera, la pandemia empeoró una situación que ya era grave: las estimaciones mostraron que para el 2019 casi 690 millones de personas, es decir, el 8,9% de la población mundial estaban subalimentadas; la FAO advirtió que el COVID-19 podía añadir entre 83 y 132 millones a la cifra de personas subalimentadas en 2020, y que de continuar esta tendencia, en el 2030 serán más de 840 millones de personas en el mundo con hambre, amenazando el cumplimiento del ODS 2: Hambre cero.

Para Colombia la situación no es mejor. Antes de la pandemia ya la mitad de la población (54,2%) sufría de algún grado de inseguridad alimentaria y 2,7 millones de personas padecían diariamente la sensación física de hambre. Los datos de la Encuesta de Pulso Social del DANE publicada en febrero del 2021, muestran que antes del inicio de la cuarentena el 10,7% de las familias colombianas consumían menos de tres comidas. Este porcentaje  aumentó durante la pandemia al 32,7%. Adicionalmente, de acuerdo con el HungerMap Live del WFP, la cifra de personas subalimentadas en Colombia osciló en los peores momentos del confinamiento entre 11 millones a 7,4 millones de personas con incapacidad para consumir alimentos suficientes para satisfacer sus necesidades. A la fecha de este artículo, el WFP había reportado 9,2 millones de personas subalimentadas en Colombia.

 

Ante esta situación los miembros de la Alianza por la nutrición: Alimentando Sueños no nos hemos quedado quietos aceleramos nuestro propósito comúm. La Cámara de la Industria de Alimentos presentó propuestas para los protocolos de bioseguridad en toda la cadena a partir de las mejores prácticas a nivel global, activó estrategias de articulación con el Ministerio de Defensa, policía y fuerzas militares para garantizar la seguridad logística y de abastecimiento, y trabajó en la identificación de insumos requeridos en materia prima, transporte, servicios y empaque para favorecer la disponibilidad de alimentos en el territorio nacional. También ofreció apoyo a los negocios de cafeterías y restaurantes, protección del empleo y vinculación con los Bancos de Alimentos mediante la donación de comida. Por su parte los Bancos de Alimentos, en una gestión sin precedentes, entregaron 63.588.294 kilos de alimentos a más de 2,9 millones de personas en 230 municipios del país. Al mismo tiempo, y en el marco de la Gran Alianza por la Nutrición Infantil mediante la estrategia “Ayudar Nos Hace Bien” se entregaron más de 1 millón de mercados en todas las regiones del país.

 

Con la llegada de la vacuna nace la esperanza de superar la pandemia de coronavirus. Sin embargo, el reto que nos deja es enorme, pues de querer cumplir con nuestro objetivo de erradicar la malnutrición en Colombia para el 2030, debemos continuar trabajando como nos enseñó la pandemia: articuladamente, sin descanso, identificando las acciones necesarias para asegurar que cada colombiano pueda acostarse a dormir habiendo recibido los nutrientes necesarios para vivir al máximo de sus capacidades y ofrecer al país todos sus talentos.

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